domingo, 8 de marzo de 2015

Una lección

- ¿Cómo te va en el trabajo?
- Bien, tía, bien. Tengo, que no es poco. 
- Me alegro. Eso es lo fundamental, el trabajo. Recuérdalo siempre. 

Mi tía abuela tiene casi 90 años, vive en una residencia y  tiene la cabeza bastante en su sitio, dadas las circunstancias. Se casó joven, como correspondía a la época. De negro, por algún luto. Y con un hombre guapo y espigado que la miraba con arrobo, al menos en las fotos de aquel día. 

La tradición de mis domingos de niña mandaba ir a merendar a casa de los abuelos y, después, pasar por casa de los tíos, en la misma calle, para tomar café con algún dulce. Recuerdo aquellos días con infinito amor, y recuerdo con mucha simpatía al marido de mi tía, socarrón y divertido, que me entretenía con historias y bromas. Olía a humo de leña y a esa interminable seguridad de los días de la niñez. 

Pasaron unos años y mi tío murió. A mí me dio mucha pena y así lo manifesté. Pero cuál no sería mi sorpresa cuando la reacción general de la familia fue de alivio. Entonces me enteré, porque así lo contaba todo el pueblo, que mi tía había sufrido lo indecible durante su matrimonio. Maltratada de trato y de palabra, con el dinero absolutamente controlado y pidiendo ayuda a vecinos y familiares, que tampoco podían hacer mucho porque, ya se sabe, estas cosas eran tabú en aquellos tiempos. De hecho, al quedarse viuda le llegó la primera libertad, económica y en todos los sentidos, de la que disfrutó en su vida. 

Por eso, tal vez, ella sea la única persona de la familia que no me pregunta por bodas, maridos, niños y esas cosas que parecen el único tema de conversación cuando las mujeres llegamos a una cierta edad. No. Ella sólo me pregunta por el trabajo, por cómo me va, si sigo adelante, si estoy a gusto, si voy a viajar, si salgo por ahí, si me divierto. Porque me quiere libre como no lo pudo ser ella. 

Qué mejor lección para un día como hoy. Va por ti, tía. 


3 comentarios:

  1. Una superviviente. Y una lección impagable, tienes razón.

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  2. Se me ha roto un poquito el corazón con la historia de tu tía, pero un aplauso para ella, porque como bien dice Bettie, es una superviviente.

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  3. Upss, no se qué habrá pasado, comenté aquí..y no salgo. Bueno, dije que le dieras a tu tía un abrazo, sincero, de mi parte. Genial lección.

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